top of page

FELIPE MACHÍN ALDANONDO

Huérfano desde los seis años de su padre, crece junto a su madre, su hermano y un tío que involuntariamente ocupó tan bien la vacía figura paterna. Habitante de la misma casa que lo vio nacer en la ciudad de Canelones, en la que vive hasta hoy; crece en el Uruguay de los años sesenta. En aquel Uruguay comienza a ampliar sus gustos artísticos y culturales que desde muy pequeño vio estimulados por su más cercano entorno familiar. En el ajedrez encuentra su primer hobbie serio, destacando a nivel departamental donde es campeón en más de una ocasión y a nivel nacional donde alcanza su mejor palmarés con un quinto puesto.

Siendo maestro de aula, director, inspector y director nacional de educación para jóvenes y adultos -área a la que dedica veinte años de trabajo- tiene la posibilidad de realizarse laboralmente. 

Entiende la pintura como un juego que -como el ajedrez- se juega en serio.

Sin estudios formales, asume que el placer llega con el trabajo y éste con el estudio y -sin dudas- con un mentor. Este lugar lo llenó casi por casualidad y por solidaridad el doctor José Luis Florio –alumno de Miguel Ángel Pareja- quien estimula aquellos "pobres primeros trabajos". Este cobijo quizá marcará a Felipe, más allá de su formación como pintor, como docente.

Enamorado de Picasso desde siempre. Encuentra en el expresionismo figurativo sus trabajos más interesantes cuando comienza a interesarse por el trabajo de Karel Appel.

Pintor de rachas, encuentra en la pintura una manera de canalizar sus sentimientos más poderosos , y como ocurre en muchas ocasiones, la cantidad de trabajos se relaciona directamente con las emociones.

Es la pintura un juego y, la pintura como el juego nos libera.

SOBRE EL TRABAJO

La obra de Felipe tiene la directa influencia del expresionismo de la segunda mitad del siglo XX. Si bien su trabajo se aproxima a la abstracción siempre contiene temas reconocibles (rostros, animales, músicos, niños, etc.). Entre sus influencias están Picasso, Matisse, Millares, Saura, Klee y el grupo Cobra -destacando de forma constante los holandeses Karel Appel y Corneille-.

En su paleta observamos vivos colores y figuras simples con fuertes delineados que marcan el carácter espontáneo que reivindica la intuición casi deliberada.

En conclusión hablamos de arte figurativo, muy esquemático pero matérico y denso en algunos períodos en el que emplea una paleta exaltada y amplia. 

Sin dudas el color es la herramienta esencial para provocar y dar carácter intenso y violento a su obra, en muchas ocasiones a través de fuertes contrastes, pero en otras mediante paletas muy armónicas aunque no menos fuertes, intensas y oscuras.

© 2023 por F. Machín. 
 

  • Icono de la aplicación de Facebook
bottom of page